Camina y el camino aparecerá El Movimiento

Karen Guzman

20/06/2021

La palabra movimiento, proviene del latin motus us, significando agitación, sacudida, dice un proverbio zen, muévete y el camino aparecerá, Martín Luther King nos dice, “Si no puedes volar, entonces corre, sino puedes correr, entonces camina, sino puedes caminar entonces arrástrate, pero sigue, moviéndote hacia delante”. 

Para hablar de movimiento queda preciso narrar la historia del aprendiz y el anciano:

Cuenta una historia que un aprendiz le comenta al anciano maestro:  Maestro, estoy listo en mi formación. Quiero que me evalúe y me diga del uno al diez cual es mi puntuación.  Él anciano lo miró, se reservó la respuesta y le dijo “¿Por qué no le pides a los dioses que en sueños te diga cuál es tu puntaje?

Al siguiente día llegó el joven asustado y emocionado a la vez le dijo:  Maestro soñé que había un lago cristalino inmenso y que una mano bajaba del cielo y señalaba el lago, creo que los dioses me señalan que mi vida es como ese lago, perfecta y majestuosa, ósea que tengo un diez.   El Maestro, lo mira compasivamente, y le dice: ve de nuevo esta noche y pídele a los dioses que te muestren el significado.

 Al día siguiente el joven aprendiz, llegó triste y desilusionado.  El Maestro sin tantos rodeos fue al grano y le preguntó qué había pasado con el sueño, el joven aprendiz le contestó: Pues apareció el mismo lago, la misma mano; pero en esta ocasión la mano se introdujo en el agua y empezó a agitarla. Mi sorpresa fue que el agua se volvió negra porque había mucho lodo al fondo de ella, ya que había pasado mucho tiempo sin movimiento.

Como lo dijo Carl Jung, quien fue un médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, si miramos hacia fuera, soñamos; pero si volvemos nuestra mirada hacia el interior, despertamos. Es pues momento de despertar. No importa la edad que tengamos, si somos adolescentes, adultos, o si ya han pasado sesenta inviernos por nuestra vida, lo cierto es que aún nos quedan infinidad de primaveras y es necesario disfrutarlas en plenitud iniciando una revolución interna.

Ahora en este descubrimiento ¿Qué me impide moverme? ¿Qué es lo que hace que mi agua este estancada?  O como en el cuento del Maestro y el Aprendiz ¿Cómo está el lago de mi vida? ¿Cuál es mi puntuación?

Uno de los aspectos que muchas veces nos impide movernos, es el sobre análisis que hacemos para la toma de decisión en nuestra vida.  Pareciera que el exceso de análisis lo que hace es generar parálisis , ocasionando que dejemos el accionar cuando las situaciones son importantes, todo por la cantidad abrumadora de pensamientos reflexivos que llegan a nuestra mente logrando complicar la toma de decisión correcta y oportuna, llegando a tal punto de hacer nuestra vida una total procrastinación, que consume la fuerza de voluntad y debilita la disciplina, de modo que el rendimiento , la productividad, y la creatividad con la innovación se ven reducidos.

Teniendo en cuenta todo esto, aparece el Síndrome del impostor, término acuñado por las psicólogas clínicas Paulin Clanc y Susan Imes, (1978).  No es considerada una enfermedad de salud mental, pero si presenta altos patrones que impiden que siete de cada diez profesionales se muevan para conseguir sus metas. Por ejemplo, sensación de ser falsos en términos intelectuales, y además el temor que esa falsedad va a ser descubierta, esto lleva a un híper dedicación a las tareas en el ámbito donde las personas se desenvuelven. 

Ahora bien, la bióloga, genetista y coach, Baida Gil, nos dice que quienes lo sufren tienen la sensación de no estar nunca a la altura, de no ser lo suficientemente buenos y exitosos, competentes o incapaces, de ser impostores. Este síndrome ocasiona que los que lo poseen se paralicen totalmente, manteniendo la creencia “que nunca es suficiente la preparación que han obtenido y se necesita más y más estudio y experiencia para lograr hacer las cosas bien, es como pensar que estudio y aún no obtengo el conocimiento. 

Procrastinar significa posponer o aplazar tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes y placenteras, pero que son irrelevantes, evadiendo el no moverme y estancar en el uso de otras actividades como refugio para no enfrentar una responsabilidad, una acción o una decisión que debemos tomar, Como es el caso de dejar de hacer todo por pasar horas en el teléfono o viendo y escuchando videos de música en las redes sociales.

El no tener objetivos claros, el no saber a dónde vamos, ni la ruta para lograr algo, nos convierten en veletas danzantes en un mar, en donde el viento es el que nos mueve y nos conducirá a cualquier lugar.  Es el viento un factor externo que dirige la vida.

Érase una vez, una conocida liebre entre el mundo animal, esta se pasaba el día entero corriendo de un lado a otro. Tan rápida que muchas veces solo se podía ver el polvo cuando esta corria. La tortuga, sin embargo, caminaba siempre lenta, a tal punto que su paso parecía que estaba estatica, “a ese paso le llegaba la noche”.

La liebre se encargaba de burlarse de la tortuga, diciéndole ¡Vamos tortuga, no corras tanto que te vas a cansar! Como cada mañana, la tortuga salió de su casa para hacer algunos recados. En esto que se encontró a la liebre, corriendo de un lado a otro sin saber muy bien hacia dónde iba.

– Tortuga, quítate del camino que vas muy lenta. – gritó la liebre antes de adelantarla a la velocidad del rayo. La tortuga ya estaba cansada de que la liebre fuese tan grosera y se burlase de ella, así que, ni corta ni perezosa, hizo una propuesta sorprendente a la liebre.

– Si soy tan lenta, no te importará hacer una carrera conmigo, ¿verdad? – preguntó la tortuga.

– ¿Quiénes?, ¿tú y yo? – Contestó la liebre entre burlas.

– Sí, estoy segura de que te ganaría – respondió la tortuga muy segura de sí misma.

– ¿Tú vas a ganarme a mí? – se carcajeaba la liebre. – Sí, claro que acepto. Será la apuesta más fácil de ganar de toda mi vida.

– Bien, dejemos nuestras apuestas bajo el árbol y decidamos cuál va a ser el recorrido y dónde estarán la salida y la meta. -Dijo la liebre.  Y así lo hicieron. La expectación era tan grande que los demás animales se acercaron para ver la competición y, de paso, apostar por la liebre, pues todos pensaban que la tortuga no tenía nada que hacer.

La golondrina se colocó junto a los contrincantes y dio la salida – ¡Preparados, listos, ya! – La tortuga arrancó con su paso lento, pero seguro.

Sin embargo, la liebre era tan engreída que no se movió de la línea de salida – te dejaré ventaja para no abusar – se reía.

Pasado un buen rato, la liebre comenzó a correr y, pronto, había alcanzado a la tortuga. – ¡Adiós señora!  Cuando la liebre vio que había conseguido una gran ventaja sobre la tortuga, decidió sentarse bajo la sombra de un árbol a descansar.

No podría decir cuánto tiempo durmió la liebre, pero cuando despertó y alzó la mirada pudo ver a la tortuga que ya estaba llegando a la meta.

La liebre corrió todo lo que pudo, pero de nada le sirvió y fue la tortuga la que ganó la carrera. Todos los animales aplaudieron el esfuerzo y la perseverancia de la tortuga.

Probablemente esta historia se repite en nuestras vidas, en donde el creer que se tiene el tiempo y las habilidades necesarias, nos acostamos a dormir porque al final sabemos que hacer, pero sin tomar en cuenta que nos estamos quedando dormidos, mientras que el tiempo pasa.

Ten en cuenta el proverbio Zen muévete para que el camino aparezca. Y caminante no hay camino se hace camino al andar.

Mgs. Karen Guzmán

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